23 abr. 2010

RITA HAYWORTH


Orson Welles conocía mejor que nadie qué peligroso territorio hizo cruzar a Rita Hayworth cuando en destellos de algunas imágenes esenciales de La dama de Shangai y en explosivos instantes de autoexpresión mutua, concentrados en tres grandes escenas secuenciales. el encuentro en el acuario, la escena de los tiburones y la sala de los espejos.  Convirtió a la estrella, en actriz, haciendo añicos los moldes en que la habían encerrado los fabricantes de muñecas para ser soñadas y sacando de la intensa tristeza, hasta entonces ignorada, de su mirada un chorro, hasta entonces también ignorado, de vigor e inteligencia interpretativa.

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